En el camino de abajo

Peines de agua eran arrastrados por el frío gris de las nubes. Ese otoño lluvioso apenas salimos de casa. Debí preguntar algo sobre padre, no recuerdo. Y ella, viendo la tarde perdida, se animó a hablar.

Quizá pensó que como solía interrumpiría. O me vencería el sueño mientras escuchaba, sin comprender más allá de la música que su voz creaba sobre mi. Pero no. Esa tarde no fue así. Guardé todas sus palabras y una a una quedaron grabadas. Nada olvidé. Hasta que tuve edad de comprender lo que con ellas quiso decirme.

Hoy, en el camino de abajo, peines de agua son arrastrados por el frío gris de las nubes. Y solo con mirar la lluvia, recuerdo y vivo.

En el camino de abajo. Hojas moviéndose sobre un paisaje nevado

Anuncios